Lagar de María nace de una idea sencilla: el vino también puede ser un lugar. Un lugar donde aún viven el silencio, la identidad y la memoria.
La historia del vino en España no puede entenderse sin los monasterios.
Durante más de mil años, los monjes conservaron el saber, perfeccionaron técnicas, estudiaron la tierra y dieron origen a muchos de los grandes vinos que hoy conocemos. Su forma de vida (el Ora et Labora) marcó una manera única de trabajar la vid: lenta, paciente, contemplativa.
Entre los siglos VI y XII, los monasterios fueron el corazón de la viticultura europea. Tras la caída del Imperio Romano, fueron ellos quienes mantuvieron viva la tradición del vino, introdujeron mejoras en la poda, seleccionaron cepas y desarrollaron el concepto de terroir.
Con la llegada del Císter, esta cultura se expandió aún más: trajeron nuevas variedades, nuevas técnicas y una visión del vino profundamente ligada al paisaje y al espíritu.
Lagar de María recupera ese legado y lo acerca al presente a través de experiencias que nos permiten entrar en ese mundo: convivir con comunidades monásticas, escuchar su silencio, descubrir su alegría sencilla y dejar que el vino nos hable desde otro lugar.





